CUANDO EL PERINÉ HABLA…

Fotografía de Howart Schatz

Hasta el mismísimo pubococcígeo me tienen las noticias sensacionalistas y las publicaciones de RRSS que dicen que los partos “naturales” provocan prolapsos genitales. Como si parir “naturalmente” fuera peligroso y dañino para las mujeres. Ahora, además, nos dicen que si estamos obsesionadas con el parto natural, que si somos unas locas por querer parir como queramos…

¿Qué interés hay detrás de tanta estupidez? ¿Por qué se empeñan algunos en relacionar lo “natural” con lo lesivo? De verdad que se me subleva el elevador del ano y se me constriñe.

Para empezar, en las noticias de este tipo, se confunde lo “natural” con lo vaginal. Para algunas personas (entre las que, lamentablemente, incluyo a algunos profesionales de la obstetricia, de la matronería e incluso de la fisioterapia), todo lo que sea salir una criatura por la vagina ya es un parto “natural”.

Nada más lejos de la realidad.

Un parto fisiológico es aquel que se produce espontáneamente, en el que solo la capacidad innata de la mujer, y la criatura que lleva dentro, interviene para que suceda esta maravilla de la vida, sin ayuda externa y sin necesidad de manipulaciones externas, y, por supuesto, sin analgesia ni medicaciones de ningún tipo. Eso sería, estrictamente hablando, “natural”. Pero esto no es que sea un «parto natural»; es un parto normal y corriente, o como deberían ser la inmensa mayoría de los partos, pues es para lo que las mujeres estamos capacitadas y preparadas desde que somos mujeres. 

Otra cosa es un parto intervenido o medicalizado, que es aquel parto que no se produce espontáneamente, o no concluye espontáneamente, y sin ayudas de ningún tipo. O sea, que cuando ponemos una epidural, inducimos un parto, ponemos oxitocina o cualquier otra cosa que interfiera con el proceso fisiológico, ya no es un parto normal, aunque termine saliendo el bebé por la vagina. Puede ser un parto vaginal, pero no es fisiológico.

¿Y por qué hago esta aclaración? Pues porque es imprescindible y necesaria para diferenciar qué tipo de partos son los que realmente provocan lesiones perineales severas. Los partos vaginales son potencialmente lesivos para el periné si:

  • Se inducen; las contracciones artificiales no son bien toleradas y se producen más asincronías con el movimiento muscular del suelo pélvico.
  • Se anestesian; aunque la epidural no es una anestesia, sino una analgesia, no se puede dudar que la falta de sensibilidad en la musculatura perineal provoca que haya más lesiones en el expulsivo, simplemente porque se puja de forma diferente y el cuerpo reacciona como puede.
  • Se aceleran; los pujos dirigidos, la maniobra de Kristeller, las contracciones artificiales… todos eso sí lesiona el suelo pélvico, y mucho, pues no se da tiempo a la adaptación, al estiramiento, ni a las relaciones musculares sinérgicas necesarias.
  • Se hace episiotomía; sin dudas, con toneladas de evidencia científica que lo avala, si se corta la vulva de una mujer, siempre se van a producir lesiones. Con suerte leves, y con menos suerte, muy graves. Los desgarros graves, las incontinencias de orina, gases y heces, están relacionadas directamente con los partos instrumentales (fórceps, ventosa, palas) y las episiotomías.
  • Se inmovilizan; la falta de movimiento durante la dilatación y el expulsivo, hace que las presiones sobre el suelo pélvico sean inadecuadas, en lugares donde no procede, y es más difícil  parir a las criaturas, tengan el tamaño que tengan.
  • Se malposicionan; si obligas a una mujer a parir tumbada boca arriba y con las piernas colgando, las probabilidades de lesiones perineales graves se disparan, entre otras cosas porque hay muchas más malposiciones fetales y eso conlleva, inevitablemente, mayor intervención, mayor instrumentación y mayor posibilidad de lesiones. Ninguna mujer pariría tumbada así (mirando el techo y pataleando cual insecto panza arriba) de forma espontánea, porque es más difícil, más doloroso y más lesivo. La evidencia es contundente: la posición libre es básica para prevenir lesiones perineales, para acortar los tiempos y para mejorar la percepción y la vivencia del parto.

Por tanto, aunque el embarazo y el parto son procesos fisiológicos de la vida, si los entorpecemos, pueden ser lesivos para el periné, pero no por sí mismos son perjudiciales sin más, y mucho menos perjudiciales que los partos “no naturales” o las cesáreas, que son muy muy pero que muy dañinas para el suelo pélvico, aunque muchos crean que no.

Ahora bien, es cierto que parir, aun de forma fisiológica, influye en nuestro periné futuro. Cuidarnos es el principio fundamental, y el que nos saltamos con mayor frecuencia. 

El principal factor de riesgo para el suelo pélvico no es el parto, es el desconocimiento

Las mujeres no conocen su cuerpo, su periné, su lugar y posición, ni su funcionamiento. No lo conocen, no lo tocan, no existe. Luego paren (una, dos, tres o más veces) y tienen un prolapso genital. Y, claro, la culpa es de los partos. ¡NO SEÑORA! La culpa es del desconocimiento, de la falta de cuidados, de la desconexión del esquema corporal y del ninguneo que se le hace al suelo pélvico hasta que ya está el pobre “pal arrastre”.

Hay muchas mujeres con prolapsos genitales que no han parido. Y hay muchas que han parido y no tienen prolapsos. 

Hay mujeres que se cuidan y otras que no, y no lo digo como acusación para ellas, sino porque hay mujeres que saben que tienen suelo pélvico y otras que no, lamentablemente. Es un problema social, cultural, sanitario y personal.

Aún estoy esperando que los cuidados perineales formen parte de la educación sanitaria; no de la preparación al parto, que ya va habiendo algo, sino antes, en la vida de las adolescentes y las niñas. Que aprendan a contraer y relajar sus músculos, a localizarlos y a saber cuándo está bien y cuándo no. 

Aún estoy esperando que a las mujeres que paren se les recomiende que revisen sus perinés con la importancia que se merecen. 

Aún estoy esperando que se derive directamente a fisioterapia a las mujeres a las que se les ha hecho una episiotomía, un parto instrumental o una cesárea, porque son esas las que más necesidad de rehabilitación tienen seguro. 

Aún estoy esperando que los profesionales sanitarios dejen de decir que es “normal” tener pérdidas de orina después de parir, o que dejen de ningunear los síntomas de lesiones perineales (dolor, falta o dificultad de orgasmos, sensaciones de peso o escozor, infecciones de orina repetidas). 

Aún estoy esperando que prohíban los anuncios de compresas que dan a entender que las mujeres de más de 40-50 años tiene que mearse encima porque sí, porque es lo «normal» y que lo único que deben hacer es ocultarlo, asumirlo y ponerse una compresa perfumada para que no huela.

Así que, permítanme, señores y señoras periodistas y publicistas, que me subleve y me acuerde de toda su generación hasta el origen de los tiempos, que me ponga hecha un demonio y les desee una buena dosis de manipulación rectal cada vez que hacen titulares y/o anuncios de compresas diciendo que los partos naturales provocan prolapsos y que las mujeres que se mean encima no tienen solución y lo que tiene que hacer es disimular.

Porque la realidad es que los partos en posición tumbada, acelerados y manipulados, son los responsables de miles de lesiones perineales que joden literalmente a las mujeres; porque la educación sanitaria, o más bien la falta de, es la responsable de que las mujeres no puedan cuidarse ni ser cuidadas en salud y solo se atiende su enfermedad, y porque los únicos que ganan en todo esto son los que venden las dichosas compresas.

Si invirtiéramos la mitad del tiempo que dedicamos a investigar sobre compresas superperfumadas a promocionar la salud y a incidir en la necesidad de conocer el periné y a los profesionales que trabajamos con ello, muchísimas mujeres tendrían muchos más orgasmos y menos pérdidas de otros fluidos. ¿No sería mucho más productivo? Para las empresas no, pero para las mujeres, seguro que sí.

Cuando el periné habla, no habla, grita pidiendo ayuda. Hasta ese momento, lo teníamos silenciado y escondido.

Por cierto, los profesionales que “entendemos” más y mejor del tema en cuestión somos matronas (no todas aún, pero hay esperanza), fisioterapeutas especialistas en periné (también conocidas como uro-ginecológicas, obstétricas o pelviperineales) o, como yo, ambas cosas. El resto va a ser que no. 

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