La placenta

No lo voy a negar: siento fascinación por las placentas. Y espero que cuando termines de leer esta entrada, a ti también te gusten, por lo menos un poco.

Si hay un órgano especial en la vida es una placenta. Es un órgano de creación exclusiva, única, con una carga genética idéntica a la del bebé que cobija, y que cumple muchas funciones. Es como tener un pack multiorgánico en un solo elemento, para que el bebé tenga todo lo necesario sin salir de su burbuja de agua y sin que sus órganos vitales tengan que trabajar antes de tiempo.

La placenta no está a pleno rendimiento desde el minuto uno del embarazo. Al igual que el bebé, necesita un desarrollo ya que parte del mismo óvulo y el mismo espermatozoide que lo crearon

Cuando se juntan los gametos (el óvulo y el espermatozoide), se fusionan y empieza la fiesta celular: se dividen y se dividen rápidamente, dando lugar a lo que conocemos como mórula, gástrula y otros nombres complejos. Recuerda que esta unión no se hace en el útero, sino en las trompas uterinas, prácticamente en el aire, y de ahí hacen un viaje espectacular a lo largo de toda la trompa hasta que llegan, ya como una sola bolita, al interior del cuerpo uterino, donde espera esa mullida capa endometrial, que se ha generado en la primera fase del ciclo, para que se implante. La bolita, que sigue multiplicando células como si no hubiera un mañana, se introduce en el endometrio y se agarra ahí para crecer y desarrollarse. Todavía no hay placenta, claro: solo un saquito de células que empiezan a organizarse de formas diferentes para que salga un embrión, una placenta y todo lo necesario. El endometrio le da los nutrientes y el cuerpo lúteo (de donde salió el óvulo) las hormonas. 

Como sabemos que va a necesitar mucha sangre y muchas vitaminas, rápidamente empiezan a crearse vasos sanguíneos que van hacia ese lugar y a establecer una red especial que será parte de la placenta. Así que no hay placenta como tal, hasta las 12-13 semanas de gestación, momento en el que ella toma las riendas y ya se encarga de todo: de llevar y traer sangre, con su oxígeno, sus nutrientes y todas las sustancias necesarias para el desarrollo fetal, y también hace de barrera-filtro para que la criatura esté lo más protegida posible dentro de su madre. Es como tener pulmones, hígado y filtros todo en uno. Por eso es tan especial.

La placenta es un órgano caduco, es decir, que está diseñada para durar un tiempo determinado, que es lo que dura la gestación. No me gusta nada cuando dicen que la placenta está vieja, porque parece que es algo anormal, y que la placenta envejezca y que al final del embarazo no sea como al principio es lo esperado. Es como si me dicen que yo no estoy igual a los 50 que a los 20. ¡Pues claro! No somos eternas, y las placentas tampoco. Otra cosa es que la placenta no funcione bien, porque hay algo que le afecta y se pone malita. Las mujeres que fuman, beben alcohol o toman drogas, tienen más problemas placentarios. A veces, sin nada de eso, también hay problemas vasculares y otras cosas que no sabemos muy bien, que hacen que una placenta no funcione como debería. Y esto es un problema para el bebé, sobre todo, ya que recordemos, es su hígado, su aporte de oxígeno, su filtro especial, y si se estropea la placenta, se estropea todo. 

Además de todo eso, las placentas son preciosas. Al menos para mí lo son. Tienen forma de torta (de hecho, la tarta de cumpleaños es una conmemoración ancestral de la placenta). Por un lado, el que está pegado al útero (la cara materna), su aspecto es como una masa de algodones, empapados en sangre, eso sí. Por el otro lado (la cara fetal), está recubierta por las membranas (la bolsa amniótica); se ven brillantes y los grandes vasos que la recorren confluyen en un punto, que continúa con el cordón umbilical. Esa forma de “árbol”, unas veces saliendo el tronco más de la zona central y otras más cerca del borde, se ha reproducido miles de veces de muchas formas. Seguro que lo has visto alguna vez: el árbol de la vida. Desde hace un tiempo, muchas mujeres hacen una impresión de sus placentas y se lo llevan de recuerdo. Se puede hacer esta impresión con la propia sangre o empapando la placenta en pinturas para que deje una huella de color.

En muchas culturas, incluso en la nuestra hasta no hace tanto, se enterraban las placentas con ritos muy variados y con más o menos supersticiones o rituales, desde plantar algo en el lugar donde se entierra, hasta enterrarla en ciertos lugares cerca de casa para alejar los malos espíritus. Hay cosas muy interesantes sobre esto.  En los hospitales, salvo que solicites llevártela, se incineran como restos biológicos. Si te interesa saber más. Puedes leer un libro muy bonito que se llama “La Placenta. El chakra olvidado” de Robin Lim. Editorial Ob Stare.

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