Las hormonas proponen, pero no disponen.
Las hormonas proponen, pero no disponen.

 

La respuesta sexual humana es tremendamente compleja y depende de multitud de factores: hormonales, biomecánicos, emocionales, culturales, conductuales… Es imposible reducir todo esto a una simple causa-efecto.

 

El problema de la visión mecanicista y reduccionista de la “ciencia” es precisamente esa: que los procesos de la vida, y sobre todo de la sexualidad, no son fáciles de reducir a la mínima expresión y, por lo tanto, estudiarlos desde esa mirada siempre irá abocada al fracaso, generando mitos y falsas expectativas.

 

Uno de los grandes mitos de la sexualidad es el de que las hormonas determinan nuestro comportamiento, afirmando cosas como “los hombres tienen más impulso sexual porque tienen más testosterona”. Esto, aparentemente tan inocuo, es parte del imaginario colectivo como una verdad inmutable y, por desgracia, casi la excusa perfecta para justificar incluso actos vandálicos. 

 

La testosterona es una hormona del ser humano; no es exclusivamente masculina, ni es exclusivamente una hormona que afecte a la respuesta sexual o que estimule el deseo. Sí que es cierto que estimula el desarrollo de los caracteres sexuales masculinos, y que es importante para la respuesta sexual, pero no depende sólo de ella y no sólo de la cantidad mayor o menor, sino de la combinación con otras hormonas y de los receptores. Es decir, puede haber grandes cantidades de testosterona circulando, pero si no hay disponibilidad de los receptores, o si no se combina con las otras hormonas de forma adecuada, no hay un efecto concreto.

 

Tanto hombres como mujeres tienen determinados niveles de testosterona, y aunque en los hombres la cantidad es mayor, en las mujeres la respuesta a la variación es más potente. Por tanto, no es cuestión de cuánta hormona hay, sino de cómo está funcionando. Por eso, los estudios que han intentado dar aporte exógeno de testosterona en mujeres u hombres para estimular el deseo sexual no son concluyentes y tienen resultados muy variopintos; no es posible que el cuerpo responda de esa manera simple.

 

Otro tanto sucede con los estrógenos. Hormonas adjudicadas sin pudor a las mujeres como determinantes de su respuesta sexual y excusa perfecta para justificar el declive del climaterio: sin estrógenos no hay placer. Nada más lejos de la realidad.

 

Es cierto que los estrógenos influyen y que son elementos importantes en la ciclicidad de las mujeres, pero no son exclusivos de las mujeres (los hombres también tienen), y no son exclusivamente para el desarrollo de los caracteres sexuales femeninos ni para la fertilidad. Los estrógenos participan en muchas funciones corporales, tanto en hombres como en mujeres, pero, al igual que la testosterona, aún teniendo mayores cantidades en mujeres que en hombres, la respuesta a las variaciones es diferente entre sexos y depende de receptores y de otras hormonas. 

 

De la misma forma que la testosterona, los estudios que han intentado basar su hipótesis en cantidades de estrógenos y su relación con el deseo sexual y/o la respuesta sexual (cosas completamente diferentes), tanto en hombres como en mujeres, no tienen resultados concluyentes, ni dan con “la dosis”, ni tienen respuestas homogéneas.

 

Y es que, la visión cuantitativa de la respuesta sexual humana es un error. No es cuestión de cantidades, ni de fórmulas, ni de medidas; la respuesta sexual es un cóctel hormonal único y exclusivo para cada persona, para cada momento, imposible de replicar ni de medir.

 

Las hormonas pueden favorecer químicamente el desarrollo de respuestas sexuales en el ser humano, pero siempre hay que tener presente que el entorno, la seguridad, la emoción y la educación, ya que la sexualidad está mediada por todo eso simultáneamente. Las hormonas proponen, pero no disponen.

 

0 comentarios
Enviar un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Pin It on Pinterest

Share This
Abrir chat
1
Escanea el código
Hola
¿En qué podemos ayudarte?