NOS QUEREMOS

NOS QUEREMOS

Las redes arden, con razón. Nos queremos vivas, ni una menos. Casos espeluznantes de violaciones, muertes, vidas truncadas. Mucho sexo. Sexo misógino, violento, machista, duro, con resultados fatales. Mujeres muertas. Mujeres mutiladas. Mujeres vivas sin vida.

Como mujer, me sublevan estas noticias. Me indignan. Me asquean.

Como comadrona, como fisioterapeuta, que trata a mujeres en su sexualidad, me preocupa muchísimo.

Sin embargo, no es esta brutalidad actual la que más me quita el sueño. Lo que más me deja en vilo, lo que más me tiene sobrecogida, es la violencia invisible, la cultura tolerante con el machismo, lo que se considera “exageraciones”, las que me llaman feminazi, feminista, extrema o radical, las que miran para otro lado o ríen las gracias machistas. Esas personas son las que me preocupan, porque son las que perpetúan el maltrato. Es fácil condenar una violación en grupo y decir que son animales (desvinculándose así de cualquier responsabilidad o cercanía a los susodichos animales). Lo que no es fácil es estar día a día insistiendo en el lenguaje inclusivo (sí, ese que algunos ven como una patada a la lengua castellana, castiza y tradicional), señalando las actitudes machistas, poniendo el empeño en hacer visible la desigualdad, haciendo patente la cultura de la violación como parte del heteropatriarcado que nos domina. Es incómodo para muchas personas que algunas estemos dando la vara todo el día, todos los días, con el feminismo. Y claro, molestamos. Somos exageradas, somos extremistas, somos feminazis.

Reconozco que muchas veces me desespero y me dan ganas de pasar de todo. Entonces, mi hija suelta una perla como “que eso es demasiado provocativo” (refiriéndose a una minifalda) y me echo a temblar. Me pregunto cómo es posible que mi hija sienta la condena de la víctima, aun con la madre que tiene, que le insiste, le habla todos los días de la igualdad, de que los violadores son SIEMPRE los culpables, de que las mujeres tienen derecho a disfrutar del sexo cómo, dónde, con quién y quieran, tantas veces como quieran… Aun con todo, ese insistir, de vez en cuando, se refiere a la chica que se lio con tal o pascual, como una zorra; o, lo que es peor aún, escucha reggaetón y le encanta. Me entran ganas de llorar.

Como mujer, como comadrona, como madre, es intolerable que las mujeres sigan estando así; reaccionar por la muerte de otras, o por la violación de otras. Es intolerable que los hombres sigan diciendo que las feministas no queremos que exista el género masculino. Es intolerable que una mujer siga diciendo de otra lo puta que es por enseñar más o menos piel. Es intolerable que siga teniendo que escuchar en boca de hombres y mujeres que soy una feminista radical extrema (y mira que me gustaría saber cómo se puede ser feminista leve o moderada) porque digo lo que pienso, porque hago lo que quiero y porque me da la gana de hacer ciertas cosas sin ser políticamente correcta.

Cuando veo estas noticias de empalamiento, de violación en grupo, de meterle a una mujer pegamento en la vagina, de drogas para violar, de tanto disparate, me pregunto cómo puedo yo hacer algo, porque me siento tan impotente y tan pequeña, que no sé qué creer.

Hoy, pensaba en la cantidad de mujeres con dificultades en su vida sexual. La cantidad de mujeres que apenas conocen su sexo, que tienen poco o nada de placer, y en cómo cambian cuando conectas con ellas y les ayudas a transitar en el conocimiento de su cuerpo.

Es liberador.

Reflexionaba en estas mujeres frágiles, leyendo estas cosas brutales sobre la sexualidad malentendida y sintiendo un miedo atronador.

No quiero sacar ninguna conclusión; son ideas que pasan por mi cabeza, y las digo.

Considero que, como comadronas y/o fisioterapeutas que trabajamos con mujeres y su sexualidad, podemos aportar mucho. Cuanto más libre es una mujer, menos se la puede someter. Cuanto más disfruta de su cuerpo, y lo ama, menos se permite que otra persona lo maltrate.

Supongo que no se puede trabajar con mujeres a este nivel, sin ser feminista (y si no es así, dudo que el trabajo pueda ser adecuado). 

La revolución será feminista, o no será.

Ni una menos.

Nos queremos vivas.

Nos queremos libres.

Nos queremos sanas.

Nos queremos dichosas.

Nos queremos…

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